Recorres las calles de Santiago y los ves: sitios eriazos, grúas quietas, carteles de “Proyecto en Venta” que pierden el color. La tentación es culpar a la crisis. Pero el mercado no se secó: cambió de estándar.
La lectura fácil es que el mercado inmobiliario comercial se frenó. Pero cuando uno mira operación por operación, la conclusión es otra: no falta demanda, falta oferta a la altura. Los activos bien ubicados, bien habilitados y correctamente valorizados siguen transándose; los proyectos genéricos, no.
El comprador y el arrendatario de 2026 son más exigentes. Evalúan conectividad, eficiencia operacional, costos de ocupación y flexibilidad de contrato antes que el precio de lista. En ese escenario, el estándar dejó de ser un diferenciador y pasó a ser el piso de entrada.
Para el propietario, la conclusión es clara: la estrategia de comercialización importa tanto como el activo. Una valorización realista, una preparación comercial cuidada y una difusión dirigida al perfil correcto son lo que separa un activo que se mueve de uno que envejece en vitrina.
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